MARCELO HUGO, EL TIPO QUE LE CANTÓ A BUENOS AIRES CUANDO BUENOS AIRES TODAVÍA SE ESCUCHABA

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MARCELO HUGO, EL TIPO QUE LE CANTÓ A BUENOS AIRES CUANDO BUENOS AIRES TODAVÍA SE ESCUCHABA

Hay carreras que no arrancan en una oficina con aire acondicionado ni con un community manager sacando fotos para Instagram. Hay carreras que arrancan donde arrancaba todo antes: en el Café Tortoni, año 1989, Avenida de Mayo latiendo como un corazón viejo pero orgulloso. Ahí empezó Marcelo Hugo. Y cuando uno empieza en el Tortoni, ya está diciendo algo. Como diría el Polaco Goyeneche: “yo no elegí el barrio, el barrio me eligió a mí”. Bueno, el Tortoni lo eligió a Marcelo.

Después vinieron las peñas, las noches largas, las guitarras que se afinaban más con oído que con afinador y esa presentación en la bodega del Tortoni, rodeado de grandes figuras del tango. No cualquiera baja esas escaleras y canta. Ahí abajo el tango te mira fijo, te mide, y si no estás a la altura, te escupe. Marcelo pasó la prueba.

San Telmo fue la siguiente estación obligada. Bar Sur, tres temas, como quien dice “acá estoy”. El barrio empedrado, el bandoneón flotando en el aire y esa mezcla rara que después sería marca registrada: alma melódica, corazón tropical, un poco de cuarteto, algo de tango. Todo junto, como somos los argentinos. Un quilombo hermoso.

El Teatro San Martín, el Sara F. Highland, discotecas, el Teatro Gran Rivadavia de Floresta, Radio Splendid todos los sábados, Radio América, Club Comunicaciones dos veces, noches de carnavales en Argentinos Juniors y Chacarita Juniors. Sí, leyó bien: carnavales en canchas. Porque acá la música también se canta donde se grita un gol. Como decía Maradona: “la pelota no se mancha”, y la música popular tampoco.

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Hubo inauguración de la cancha de básquet en su nuevo estadio, Teatro de Santos Lugares, Plaza San Martín en dos ocasiones, Teatro Cine Plaza de San Martín, Parque Yrigoyen dos veces, y esas noches de carnaval en plena Avenida de Mayo que hoy parecen ciencia ficción. Tres noches. Diez mil personas la primera, ocho mil la segunda y cuatro mil la tercera (dicho para el Gobierno de la Ciudad, como quien deja constancia en actas). Avenida de Mayo cortada, la gente cantando, Buenos Aires siendo Buenos Aires.

Club Sol de Mayo en Villa de Mayo tres veces, una presentación en El Timón Bailable de Grand Bourg, televisión en Duro de Domar por Canal 9 en dos ocasiones, Carlitos “El Ángel del Amor” por el cable de Telefe, Golosinas de Humor en Argentinísima Satelital con Pichi Landi, Multicanal, Cablevisión Zona Norte, Canal 7 en Multicanal con María Medina. Si prendías la tele en los 90, en algún momento Marcelo aparecía. Como los mosquitos en verano.

Gira por Rosario en el 91: Club Olímpico, cena show del Sindicato de la Carne, desfile de moda, Diana Bailable, Radio Argentina de Rosario, Bomberos de Tres de Febrero. América 24, Canal 2 con Tropicalísima, cables zonales a rolete: Canal 4 de Victoria, Canal 5 de Tigre, Canal 4 de San Martín, Canal 6 de Grand Bourg, Canal 5 de San Miguel, Canal 5 de Vicente López. Un mapa entero recorrido micrófono en mano. “Yo no me fui, siempre estuve volviendo”, diría Fito.

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Festivales al aire libre, cumbiasos, noches donde el escenario era una tarima y el camarín una silla de plástico. Compositor, cantautor de sus propios temas, 32 años de trayectoria. Cantante melódico de alma tropical, cuarteto cuando pinta, tango cuando duele. La última antes del freno mundial: Noche de carnaval en Parque Avellaneda. Y después, silencio. Pandemia. Telón de hierro bajado para todos.

Pero como decía Mirtha Legrand, “el público siempre vuelve”. Y Marcelo volvió. Hoy su nombre suena en notas de Colombia, México, Miami, radio y televisión. Obsesión declarada con México —porque el artista popular siempre sueña con cruzar fronteras— y mientras tanto, un galardón que llega desde Montevideo, Uruguay, con presentación televisiva incluida y la promesa de un escenario en un centro cultural. La rueda sigue girando.

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Marcelo Hugo no es una moda, no es un viral, no es un invento de marketing. Es de esos que hicieron la carrera a pulmón, con noches frías, aplausos sinceros y un micrófono que pasó por más manos que un mate en obra en construcción. Un sobreviviente del circuito popular argentino. Y como decía Gustavo Cerati: “mañana es mejor”. Marcelo lo sabe. Por eso sigue cantando.

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