LOS FABULOSOS CADILLACS CUMPLEN 40 AÑOS: CUATRO DÉCADAS DE RITMO, CALLE, LOCURA Y GLORIA

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LOS FABULOSOS CADILLACS CUMPLEN 40 AÑOS: CUATRO DÉCADAS DE RITMO, CALLE, LOCURA Y GLORIA

Cuarenta años. Se dice rápido. Cuatro décadas de escenarios, discos, cambios, idas y vueltas, éxitos, experimentos, canciones que quedaron pegadas al inconsciente colectivo y una cantidad de personajes que podrían llenar varias páginas de una revista de aquellas que venían con póster central y uno las guardaba como si fueran documentos de Estado.

Los Fabulosos Cadillacs nacieron en 1985, en plena primavera alfonsinista, cuando la Argentina todavía estaba aprendiendo a caminar después de una de las etapas más oscuras de su historia. Buenos Aires tenía otra velocidad, otra ropa, otros pelos y, fundamentalmente, otra manera de escuchar música. En ese paisaje apareció una banda que parecía salida de una licuadora imposible: ska, reggae, rock, punk, ritmos caribeños, humor, provocación y una estética que no pedía permiso.

Al frente estaban Vicentico y Flavio Cianciarulo, dos nombres que terminarían convirtiéndose en parte de la historia grande del rock argentino. Pero alrededor de ellos hubo una verdadera usina de músicos y personalidades que fueron construyendo ese sonido tan particular. Los Cadillacs no parecían demasiado interesados en respetar las fronteras de ningún género. Y ahí estuvo justamente el secreto.

Porque si algo hicieron los Fabulosos fue demostrar que se podía mezclar todo sin que terminara pareciendo un guiso de sobras.

Primero llegó aquella etapa ochentosa, desfachatada, casi punk, con una banda que parecía vivir a contramano de las solemnidades del rock. Después vinieron los 90 y ahí pasó algo maravilloso: los Cadillacs dejaron de ser simplemente una banda argentina para convertirse en una banda con pasaporte internacional.

Y entonces apareció “Matador”.

Pará.

Porque hay canciones famosas y después están esas canciones que, cuando empiezan a sonar, todo el mundo sabe qué viene después. Ese bajo, esos metales, esa frase inicial y de repente aparece la imagen de un tipo corriendo, la calle, la persecución, la revolución, la sangre, la película entera metida dentro de una canción.

“Matador” terminó siendo muchísimo más que un hit. Se transformó en una especie de documento latinoamericano. Sonó acá, en México, en Estados Unidos, en Europa y en cada lugar donde alguien entendiera que una canción podía tener fiesta y tragedia al mismo tiempo.

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Y los Cadillacs tuvieron otra virtud: nunca fueron una banda prolijita.

Por suerte.

Porque la prolijidad excesiva puede ser muy linda para una planilla de Excel, pero para el rock suele ser un embole.

Los Fabulosos Cadillacs tuvieron humor, contradicciones, cambios de sonido y canciones que podían pasar de la fiesta al desencanto en cuestión de minutos. Podían hacerte saltar y, al mismo tiempo, dejarte pensando.

Después llegó “Vasos Vacíos”, con Celia Cruz, y ahí directamente se abrió otra puerta. Los Cadillacs entendieron algo que muchos tardaron muchísimo en entender: que la música latinoamericana no tenía que pedir disculpas por ser latinoamericana.

Y entonces el ska se mezcló con salsa, reggae, rock y una identidad argentina que nunca desapareció.

En 1994 llegó “El León”, uno de esos discos fundamentales de su carrera. Y dos años después, “Rey Azúcar”, confirmando que la banda estaba atravesando uno de sus momentos creativos más fuertes.

Pero si hablamos de los 90 hay que hablar también de “Mal Bicho”. Porque ahí apareció otra faceta de los Cadillacs: la canción política, la denuncia, la bronca. “Mal Bicho” no necesitaba demasiadas explicaciones. Tenía ese tono de canción popular que podía sonar en una radio, en una cancha, en una casa o en un auto y cada uno podía interpretarla desde su propia experiencia.

Después vino “La Marcha del Golazo Solitario”, y la banda volvió a demostrar que podía cambiar de piel sin dejar de ser reconocible.

Los años pasaron. Los integrantes tomaron caminos diferentes. Hubo pausas, reuniones y regresos. Pero el público seguía ahí.

Porque eso también define a los Cadillacs: la gente nunca terminó de irse.

En 2008 llegó otra reunión histórica, con escenarios llenos y una generación más joven descubriendo canciones que sus padres ya tenían incorporadas a la memoria. Y ahí ocurrió algo hermoso: los Cadillacs dejaron de pertenecer a una generación.

Pasaron de los tipos que habían comprado sus primeros discos en los 80 a los pibes que los descubrían décadas después.

Eso no le pasa a cualquiera.

Y en 2016 llegó “La Salvación de Solo y Juan”, un proyecto que volvió a mostrar que la banda todavía tenía ganas de experimentar. Porque a esta altura podían perfectamente vivir de tocar los clásicos y cobrar el cheque. Pero no. Se pusieron a crear otra vez.

Eso también es rock.

Cuarenta años después, Los Fabulosos Cadillacs siguen siendo una anomalía maravillosa.

No fueron solamente una banda de ska. No fueron solamente una banda de rock. No fueron solamente una banda argentina.

Fueron una especie de crónica musical de varias Argentinas.

La de los 80 con sus colores, sus excesos y sus ganas de vivir. La de los 90 con MTV, videoclips, globalización y una cultura musical que empezó a viajar muchísimo más lejos. La Argentina de la crisis, de los cambios, de las contradicciones y también la Argentina que aprendió a exportar cultura.

Y después está el público.

Ese público que reconoce el primer acorde de “Siguiendo la Luna” y automáticamente se convierte en especialista en nostalgia.

Porque esa canción tiene algo que pocas consiguen: no importa cuántos años pasen, siempre parece estar hablando de alguien que alguna vez quisiste.

Y cuando aparece “Yo no me sentaría en tu mesa”, se transforma todo. Ya no importa dónde estés. Hay una mesa imaginaria, hay una historia y hay una bronca que probablemente todos llevamos guardada en algún cajón.

Eso hicieron los Cadillacs durante cuatro décadas: pusieron música donde nosotros teníamos recuerdos.

Los Fabulosos Cadillacs cumplen 40 años, sí.

Pero la verdadera noticia es otra.

Siguen sonando.

Y mientras una banda pueda hacer que un tipo de 50 años recuerde quién era cuando tenía 20, que un pibe de 18 descubra una canción de hace treinta años y que una multitud completa salte al mismo tiempo cuando aparecen esos metales…

Entonces, meu amor, no hay archivo que valga.

Hay cosas que no se archivan.

Se bailan. 🎺🦁

VEREDICTO DEL ARCHIVÓLOGO:
Cuatro décadas después, Los Fabulosos Cadillacs no necesitan demostrar nada. Ya hicieron lo más difícil: entraron en la memoria colectiva argentina y consiguieron quedarse ahí sin pagar alquiler. Y eso, en este país, es casi una hazaña histórica. 🇦🇷🔥

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