Hay equipos que se arman y equipos que se entienden. La Selección entró en esa segunda categoría: la del pase sin mirar, la del gesto mínimo que dice todo. El Mundial todavía parece lejos en el calendario, pero en la cabeza del hincha ya empezó hace rato. Porque cuando un equipo te devuelve la ilusión, no hay reloj.
El recambio se mueve sin ruido. Pibes que crecieron viendo campeones ahora se prueban la camiseta con naturalidad. No es presión: es herencia. La Scaloneta se volvió una idea más que un once. Y eso, en el fútbol, vale oro.

El clima también cambió. Menos dramatismo, más confianza. El hincha volvió a mirar partidos con esa sensación de que algo puede pasar. Que el equipo no se rompe. Que compite siempre.
El Archivólogo diría que los grandes ciclos se reconocen por eso: cuando dejan de ser noticia para volverse costumbre.
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