Ove Marquesín hace más de una década que transita la música y hoy atraviesa una etapa de crecimiento con una propuesta que mezcla romanticismo, sensibilidad, cumbia, melodía y una buena dosis de calle. Porque, como dice el viejo refrán, “el que persevera, alcanza”, y en una profesión donde sobran los que quieren llegar pero faltan los que bancan el viaje, eso no es poca cosa.
Su nombre artístico tiene una historia bastante más cercana que cualquier estrategia de marketing. Ove viene de “Oveja”, el sobrenombre con el que lo llama la mayoría de quienes lo conocen, mientras que Marquesín es su apellido paterno. Y ahí aparece una de esas pequeñas cosas que terminan construyendo una identidad: no hubo que inventar un personaje de laboratorio. El nombre ya estaba en la calle, en la gente, en el boca a boca. Y cuando un apodo se transforma en nombre artístico sin perder su esencia, hay algo que funciona.
Pero para entender a Ove hay que retroceder bastante más que sus últimos lanzamientos. La música empezó a entrarle por una puerta familiar, de esas que no se olvidan jamás. Su vínculo con las canciones nació junto a su abuela Evilda, quien conservaba el recuerdo de los grandes tangos que habían marcado otra época. Carlos Gardel y Roberto Goyeneche aparecían en ese universo doméstico y fueron parte de esa primera educación musical. Una escena casi cinematográfica: un pibe descubriendo canciones viejas junto a su abuela, mientras alrededor transcurría la vida cotidiana. Porque muchas veces la cultura musical de una persona no empieza en una academia, empieza en una casa, en un tocadiscos, en una radio o en alguien querido que te dice “escuchá esto”. Y después pasa lo que pasa: la música se te mete adentro y no te la sacás más.
Con el tiempo llegaron los estudios de canto y también una búsqueda mucho más amplia. Folklore argentino, rock nacional, blues, cuarteto y cumbia fueron formando el oído y la interpretación de Ove, hasta desembocar actualmente en una propuesta más vinculada al pop romántico y la música melódica. Esa mezcla explica bastante de su identidad: no es un artista encerrado en una sola etiqueta, sino alguien que fue absorbiendo distintos sonidos para construir una voz propia. Como diría cualquier viejo habitué de café porteño: “de todo un poco, pero con criterio”.
La actualidad discográfica muestra justamente ese recorrido. Ove viene desarrollando una serie de lanzamientos que incluyen “Modo Oveja”, un EP de dos canciones publicado en 2025, con La Cumparsita (Cuarteto) y Si nos quedara poco tiempo (Cumbia). Después llegaron nuevos sencillos durante 2026, entre ellos “Lunes en la pieza”, publicado en abril; “Amor y fuego”, lanzado en febrero; “Destilando amor” y más recientemente “El tercero”, que apareció el 27 de junio.

Y los títulos ya dicen bastante. Amor, fuego, nostalgia, una pieza, un tercero. Hay un universo sentimental que aparece una y otra vez en sus canciones, pero sin quedarse solamente en la balada de manual. Su propuesta busca una interpretación intensa, cercana y emocional. En Spotify, de hecho, el perfil del artista presenta esta nueva etapa como una evolución hacia un sonido más romántico y melódico, después de haber transitado géneros populares muy diferentes.
Entre los temas que vienen encontrando mayor circulación aparecen “Destilando amor”, “Lunes en la pieza” y “Amor y fuego”. En Spotify, esos tres figuran actualmente entre las canciones destacadas del artista, mientras que “El tercero” aparece como su lanzamiento más reciente.
Y si algo queda claro mirando el recorrido de Ove es que no se trata solamente de encerrarse en un estudio y grabar canciones. Hay una segunda pata del proyecto que tiene bastante más olor a baile, escenario y fiesta popular: OVM Band.
La banda, también nacida desde el liderazgo de Marquesín y con origen en Escobar, propone recorrer la cumbia desde diferentes costados: cumbia santafesina, colombiana, melódica, clásicos del recuerdo y canciones propias, todo con arreglos propios y una puesta en escena pensada para que el público haga algo que en estos tiempos parece revolucionario: cantar, bailar y pasarla bien. La fórmula parece sencilla, pero conseguir que un show tenga identidad propia es bastante más complicado que poner una playlist y levantar el volumen.

Y octubre aparece marcado en rojo en la agenda: OVM Band llega a Pasión de Sábado, uno de esos escenarios que forman parte del imaginario colectivo de varias generaciones argentinas.
Porque si algo tiene la historia de Ove Marquesín es esa combinación que conocemos bastante bien los argentinos: laburo, insistencia y pasión, pero sin perder la procedencia. No reniega de la música que escuchó de chico ni de los géneros que fue descubriendo después. Al contrario, los mete todos en la misma valija y sigue viajando.
El próximo paso será un disco de seis canciones, con cuatro temas propios y dos covers, mientras su catálogo continúa creciendo. Ya son varios los lanzamientos que fueron construyendo este nuevo capítulo de su carrera y la idea parece bastante clara: consolidar una identidad melódica, romántica y popular sin dejar de lado la cumbia y ese costado de escenario que forma parte del ADN de OVM Band.
En definitiva, Ove Marquesín no apareció ayer. Lleva más de diez años detrás de la música, pero ahora empieza a mostrar con mayor claridad hacia dónde quiere llevar todo ese recorrido. Desde aquella abuela Evilda que le abrió la puerta del tango hasta las canciones que hoy buscan llegar a nuevos públicos, hay una línea invisible que une todo: la necesidad de cantar.
Y ahí aparece otra frase de esas que conocemos todos: “Roma no se construyó en un día”. En la música tampoco. Primero viene la esquina, después el escenario, después el estudio, después las canciones, después el público. Y cuando todo eso empieza a juntarse, recién ahí aparece lo que algunos llaman carrera y otros, mucho más sencillamente, llaman haberla peleado. Ah y si tenes un evento podes contratarlo al +543484338516 junto a la OVM BAND.
REVISTA – LA REALIDAD SITIO OFICIAL!
